No sorprendo a nadie si digo que la novela me ha gustado, y la verdad es que Elisabeth Gaskell es una autora que me entretiene, que me gusta, que me obliga a evolucionar como lectora, a ver a través de los ojos de otros lo que yo misma puedo experimentar, además me enseña que no es un error cambiar, que todos evolucionamos.
Y eso es lo que pasa con nuestra Lady Ludlow, una mujer que ha vivido en un tipo de sociedad y una vida que ya no existe, que ha cambiado y ha evolucionado, y eso es lo que tiene que hacer ella, cambiar, evolucionar y curiosamente lo hace como todo lo ha hecho en esta vida, con elegancia. Elisabeth nos presenta al inicio de la novela una dama con unos planteamientos muy arraigados.
Llega un sacerdote nuevo a la comarca y entre él y su responsable de la hacienda, la hacen ver que las cosas no son siempre así y porque no son siempre así. La hacen volver a valorar todas las creencias preconcebidas que tenía y la hacen dar una vuelta a toda su ideología instaurada, que le habían hecho creer.
Quizá sí que es posible enseñar trucos nuevos a perro viejo, a pesar de lo que dice el refrán "perro viejo no aprende trucos nuevos".
"...No se suele llegar a una edad como la mía sin haber asistido al comienzo, el desarrollo y el final de muchas vidas y fortunas. Quizá no hablemos de ellas, porque con frecuencia son algo muy sagrado para nosotros, puesto que han llegado, por así decirlo, al fondo de nuestra alma o a la de otros cuya vida, aunque hayan muerto y desaparecido, quedando ocultos a nuestra vista humana, no podemos contar como si fuera solo una historia..."
Buen viaje, buenas lecturas.
